Cuando Nuestra señora de guadalupe me sacó de migración

AUTOR: Pedro. A. Cucunubo. Director nacional de la Fundacion Anawim, misionero, Docente, conferencista, tallerista para jóvenes.   Comparte nuestras notas. Si eres misionero, o buscas a Dios en los pequeños de talles del mundo , comparte tu experiencia, envia tus escritos y videos y los compartiremos en el blog

Al llegar a México iba encantado de vivir una aventura, tanto cultural como espiritual. Tan encantado que cometí un error de principiante viajero. Tome mi mochila, empaque unas piezas de ropa, unos tennis cómodos, mi camandula, y mucha emoción. Pero ni siquiera busque hotel ni hice reservación. Simplemente pensé que al llegar visitaría a la Señora, y luego ya vería donde hospedarme. Pero el personal de migración pensaba distinto y tan pronto llegue sin un destino fijo me pasaron a sus oficinas.  Así que a los 10 minutos de haber pisado suelo mexicano me vi rodeado de inmigrantes asiáticos y algunos indígenas no se de donde, policías muy poco amables que al saber que era colombiano se sonreían y movían la cabeza como diciendo: con razón. Aprovecho para decir que contrario a lo que muchos piensan los colombianos no tenemos que ver con drogas o narcotráfico, es cierto que tenemos ese problema pero la mayoría nunca hemos estado cerca de esas realidades.

Me pasaron entonces un formulario de migración. me pedían mis datos y luego unas preguntas. Primera pregunta: ¿a quien va a visitar? yo empezaba a asustarme, no conocía a nadie en México, nunca había estado allí, no tenia hotel, viajaba solo. Así que en un momento de oración Dios me pidió ser honesto y respondí: A Nuestra Señora de Guadalupe. Segunda pregunta: ¿parentesco? Ahora si, pensé, me van a creer loco o drogado; siguiendo con mi estrategia de honestidad escribí: Madre. Creo que un segundo después de entregar el formulario me arrepentí, pero ya estaba hecho. 

Me llamaron a la oficina a entrevista, un funcionario de patillas y bigote, como salido de una serie de los setenta, me atendió. Leyó lentamente el formulario, y no tuve duda de que su lectura había llegado a mi parentesco con Maria, por que se sonrió y volteo a mirarme sobre el papel. - A Maria de Guadalupe? me pregunto sonriendo. Yo le conteste que si y pase a explicar mis motivos.  Me pidió que le mostrara mi billetera a ver si tenia una estampa que comprobara mi fe en María, pero la verdad no cargaba una imagen de guadalupe, solo llevaba la estampa de San Francisco de Asís, la de San Juan Bosco, la de la Morenita de Guican y la oración de la fundación Anawim. Sin embargo encontre una tarjeta de presentascion de la fundacion y se la entrege. Me envió a la sala de espera de nuevo. A los 10 minutos me dejaron ingresar a México, todo gracias a mi mamita María. No me cabe duda de que ella me cuido, y de no ser por su nombre nunca hubiera encontrado la tarjeta. Aun cuando me hubieran dejado pasar, porque igual no debo nada, este formulario me obligo a pensar en los motivos de mi viaje. Dios quería que visitara a su Madre.  Salí del aeropuerto, tome un camión, luego el metro y visite esa misma tarde el Santuario. 

Cuando decidí conocer el santuario de Nuestra Señora de Guadalupe confieso que no pensé que el impacto fuera tan grande. Claro que sabia que es un lugar muy visitado, el segundo santuario católico mas visitado del mundo; y por supuesto que le tengo un cariño muy especial a esta advocación Mariana. Pero hay algo mas profundo en el hecho de peregrinar, de viajar en busca de Dios, o de un lugar santo. Supongo que la santidad y la espiritualidad de un lugar la da en parte la conciencia colectiva que se pone de acuerdo en encontrarse en un lugar con Dios. El llegar y ver tantas banderas y tantas personas de todos los rincones del mundo, orando, participando de la eucaristía, confesándose, rezando el rosario, hace que uno tenga un deseo profundo de encontrarse con Dios, incluso siendo indigno de estar en su presencia.

Pero maria me llamaba a conocer, aun con inconvenientes. 

Los invito a conocer este santuario y a encontrarse alli con la iglesia católica y su profunda espiritualidad.

La Basílica de Santa María de Guadalupe, llamada oficialmente Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe, es un santuario de la Iglesia católica, dedicado a la Virgen María en su advocación de Guadalupe, ubicado al pie del Cerro del Tepeyac en la delegación Gustavo A. Madero de la Ciudad de México, actualmente perteneciente a Arquidiócesis Primada de México por medio de la Vicaria Guadalupana que actualmente se encuentra al cuidado de monseñor Enrique Glennie Grauecon el título de Vicario General y Episcopal de Guadalupe y Rector del Santuario.1

Es el recinto mariano más visitado del mundo, superado solo por la Basílica de San Pedro. Anualmente unos veinte millones de peregrinos visitan el santuario, de los cuales cerca de nueve millones lo hacen en los días cercanos al 12 de diciembre día en que se festeja a la Virgen María de Guadalupe

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