la MÚSICA nos mueve el alma

AUTOR: Pedro. A. Cucunubo. Director nacional de la Fundacion Anawim, misionero, Docente, conferencista, tallerista para jóvenes.   Comparte nuestras notas. Si eres misionero, o buscas a Dios en los pequeños de talles del mundo , comparte tu experiencia, envia tus escritos y videos y los compartiremos en el blog

la verdad es que cuando uno busca a Dios lo encuentra en todos los lugares, basta con abrir los ojos. Como dice Jesús: el que tenga oídos que oiga.

El Señor me regalo la oportunidad de conocer el maravilloso país de México, del cual tengo mucho que contar aun, pero hoy recordé mi vista a las pirámides de Teotihuacan. Después de un viaje como de una hora desde el terminal del norte en México DF, acompañado de paisanos y de un agradable grupo de "gringos" como cariñosamente les decimos en lationoamerica, llegamos a las pirámides. Era una mañana hermosa con un cielo azul claro que apenas pintaba algunas nubes blancas, un sol cálido que nos abrazaba y una brisa muy suave pero refrescante. A la entrada muchos guías para ver las pirámides, pero el plan era enfrentarme solo al recorrido a ver que encontraba. 

Así ingrese a la calle de los muertos, que es el centro del recorrido de la zona arqueológica, a lado y lado de la amplia calle están los diferentes templos Mexicas. El primero al que me asomé fue el templo de Quetzacoal, y antes del templo hay una enorme plaza con túmulos en varios puntos. Para llegar allí hay que subir unas escaleras que te llevan como a un muro o muralla que rodea el campo, y mientras subes se abre ante ti todo el paisaje, con la pirámide del sol a lo lejos al lado izquierdo. En el campo estaban un grupo de turistas que hacían lo que parecía una danza o un ritual indígena, recorriendo despacio y ordenadamente el campo. Pero lo que de verdad me sorprendió fueron los sonidos precolombinos que empezaron a rodearme. Sonaban animales como el jaguar o el águila, y otros sonidos como lamentos y otros de dulce  música indígena. Pensé primero que eran parte de la exposición, pero al momento la música hizo olvidar del tiempo y lugar donde me hallaba.

Era música creada para elevar el espíritu, y aunque no soy músico y por el contrario me considero ignorante en esta área, me deje transportar. Sentí de inmediato una fuerte conexión con mis raíces indígenas, latinoamericanas, y aunque esa música sirvió hace mucho para ofrendar dioses indígenas, a mi me transporto al cielo (aun mas al subir a la pirámide) Realmente esta música era una plegaria, me unía a Dios.

No es la primera vez que siento algo así con la música, por eso la importancia de los ministerios musicales en nuestra iglesia católica. Pero esta música tan sencilla y hermosa me hablaba de lamentos y alegrías, me hablaba de la sencillez ante la maravillosa creación de Dios. 

Al ir saliendo de aquel campo, encontré al fin a quien la hacia. Don Hipolito Martinez Jimenez, que es a quien les quiero presentar. Aunque el viento no me dejaba grabar bien espero que alcancen a oir algo de su historio y su trabajo:

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